Día 2: Auschwitz - Birkenau

Una vez nos montamos en el autobús en poco más de 5 minutos llegamos a Birkenau. La primera sensación es de estar en una película, nos encontrábamos delante de la trágicamente famosa entrada que tantas veces habíamos visto en películas y libros.

Jamás podíamos hacernos a la idea de las dimensiones que tenía el campo (2’5km x 2km), una explanada inmensa por la que por el centro atravesaba un raíl por donde los trenes circulaban para dejar a las víctimas en la "rampa de selección":

Según cruzamos la puerta nos llevan hacia los barracones que hay al lado derecho, comenzábamos a ver la cruda realidad de cómo vivían los presos:

Entramos a la primera de ellas, la sensación es de un mal cuerpo, en un lugar así estaba claro que las posibilidades de salir con vida eran pocas. El espacio entre las literas y las condiciones en las que los presos vivían, no hacía más que favorecer las enfermedades y los contagios. En cada una de ellas podían llegar a estar 8 personas.

En el centro de cada pabellón hay un horno que se utilizaba para calentar el barracón, algo que bajo estas condiciones en invierno a unos 20ºC bajo cero, es muy difícil conseguirlo.

Salimos del primer barracón y entramos al siguiente más próximo, podemos ver las letrinas donde hacían sus necesidades. La poca distancia que hay entre cada una de ellas es un fiel reflejo de la higiene que había en Auschwitz.

El recinto está rodeado por una alambrada que en sus orígenes estaba electrificada al igual que en Auschwitz I. Muchos de los presos se suicidarían pegándose a la alambrada con el objetivo de poner fin a las penurias que pasaban.

Continuamos por el camino paralelos a la vía de tren y nos encontramos con uno de los vagones que utilizaban para transportar a cientos de personas. El trayecto duraba varios días, sin agua y sin comida, al final para llegar a un infierno todavía peor. Al final del trayecto les esperaba la famosa rampa de selección, lugar donde las SS junto a los médicos del campo determinaban quién vivía y quién iba directo a la cámara de gas.

El campo de Birkenau estaba separado en 4 grandes secciones: Hombres, mujeres y niños, gitanos y deficientes físicos/psíquicos, cada una de ellas estaba separado por una entrada como esta:

Si miramos a la derecha de las vías, vemos el campo correspondiente a los gitanos, en esta zona del campo se encontraba la enfermería, donde el doctor Joseph Mengele practicaba sus atrocidades con seres humanos. La chimenea que se ve en la imagen corresponde a lo que queda de las ruinas de la enfermería.

Mengele realizaba atroces experimentos como inyectar químicos en los glóbulos oculares para tratar de conseguir que sus víctimas tuvieran los ojos azules.
Una de sus mayores inquietudes eran los gemelos, a uno de ellos le inyectaba químicos que causaban el tifus o la tuberculosis hasta provocarle la muerte, justo en ese mismo instante al otro gemelo todavía sano era asesinado con una inyección de cloroformo aplicada directamente en el corazón, lo que provocaba el paro cardíaco y moría instantes después. Lo hacía para comparar cómo había influido la enfermedad en los órganos de uno frente a los de otro.
Un ser despreciable, que intentó crear siameses a partir de gemelos, cosíendoles desde la espalda hasta las muñecas, incluso las venas de uno y de otro entre sí. La gangrena que produjeron dichas operaciones provocaron en sus víctimas dolores insufribles hasta la muerte.
Continuamos hasta el final del campo, a la izquierda se pueden ver los restos de los crematorios y cámaras de gas. Los nazis días antes de la liberación y en un intento de ocultar que se supiera la verdad de lo que allí sucedió, trataron de demoler todo para no dejar pruebas. Aquí podemos ver los restos de los crematorios:

Justo al lado, vemos las ruinas de las cámaras de gas:

Nos encontramos con un memorial muy cerca de los crematorios recordando a las víctimas, el idioma del escrito es sefardí:

El camino de vuelta lo hicimos por la zona donde se ubicaban las mujeres:

Para guardar la memoria de la hilera de barracones que hubo, se mantienen las ruinas de cada barracón junto con su chimenea, de esta forma nos ayuda a los visitantes a hacernos a la idea de la magnitud de este infierno.

En el interior de los barracones que son visitables, pudimos ver de nuevo las literas:

Salimos del sector femenino y volvimos al camino que nos llevará de nuevo a la entrada principal. A lo largo y ancho de todo el campo encontramos torres de vigilancia como esta:

Abandonamos el campo no sin antes pasar por la tienda donde pude comprar un libro que solo se edita en Auschwitz “Fui asistente de Mengele”, os lo recomiendo a todos que vayáis.

Nos montamos en el autobús de vuelta a Cracovia con una sensación de tristeza. Muchas personas que conocemos se niegan a visitar este tipo de lugares, no obstante, nosotros recomendamos mucho la visita. Aplicamos la famosa frase de: "Quien olvida su pasado, está condenado a repetirlo", creemos que es necesario tener presente que este tipo de sucesos pasaron y no hace tanto tiempo, mientras otros tantos sucesos similares siguen pasando a día de hoy y no somos conscientes. Al margen de razas, religiones, creencias, todos somos personas y cosas así no deberían volver a suceder.
De nuevo en Cracovia, volvemos al apartamento para dejar las cámaras y darnos una ducha. Aprovecharíamos el resto del día para conocer la vida nocturna por la ciudad.