Día 1: De Durango a Nantes

Este día tenemos propuesto hacer la ruta Durango a Nantes (675 Km), pero no íbamos a hacer todo el trayecto sin parar, decidimos pararnos en los lugares que más interesantes nos parecieron al buscar información sobre ellos.

Blaye

Saldríamos en torno a las 9 de la mañana de casa y llegamos en torno a las 12:00 a Blaye. Tuvimos algunos atascos al cruzar la frontera, nada fuera de lo común, pero llegamos sin ningún tipo de problemas.
Blaye es conocida por su ciudadela y es por ella que nos llamó la atención y decidimos parar a visitarla. Aparcamos a los pies de la ciudadela, decidimos antes de entrar comprar unos refrescos ya que el calor que hacía era infernal!
Las vistas desde la entrada sobre la ciudadela eran muy llamativas.

Dimos una vuelta por los interiores de la ciudadela y la verdad que nos resultó bastante curiosa, es cierto que las mejores vistas son las que ofrecen una vista aérea de la ciudadela:

Una vez vista la ciudadela, que nos llevó en torno a una hora, decidimos continuar nuestro viaje al siguiente destino: Saintes.

Saintes

Saintes es una pequeña ciudad que nos llamó la atención por su anfiteatro galo-romano. Así que pusimos rumbo a Saintes.
Llegamos en torno a las 14:00 y aparcamos a la entrada del propio anfiteatro, la verdad que, a pesar de estar casi en ruinas, llama la atención la amplitud y que en medio de la ciudad nos encontremos este monumento.

Una vez visto decidimos darnos una vuelta por la ciudad y así poder prepararnos algo de comer que ya iba siendo hora, además que necesitábamos tomar algo fresco que nos moríamos de calor!
Aprovechamos para visitar el arco germánico y poder descansar un poco, la verdad que el ambiente que se respiraba era de auténtico relax, a orillas del río la gente aprovechaba el gran día que hacía para poder tomar algo fresquito.

La verdad que daban ganas de quedarnos más tiempo y estar tumbados a la bartola, pero teníamos un destino al que ir antes de llegar a Nantes y no podría ser otro que La Rochelle.

La Rochelle

La Rochelle es una ciudad que desde siempre nos ha llamado la atención, el puerto, el ambiente pesquero. Me parecía tan bonita que bien merecía la pena detenernos a media tarde para estirar un rato las piernas, ya que nos pillaba de paso a Nantes.
Aparcamos el coche cerca del puerto, a escasos pasos del centro, el parking era de pago, pero bueno, la verdad que en pleno agosto y lo abarrotadas que estaban las calles, no nos podíamos parar a buscar un lugar mejor para aparcar.

Nos gustó mucho la ciudad, la zona del puerto está muy transitada por turistas, hay pintores a pie de calle, artistas, terrazas, etc…

Dimos una vuelta por el puerto mientras nos comíamos un helado y para sorpresa nuestra íbamos bastante bien de tiempo para poder llegar a Nantes y poder ver la isla de las máquinas a la tarde.
El objetivo era poder ver Nantes a la tarde y así evitar verlo por la mañana siguiente. Así, ganaríamos tiempo para cumplir un “sueño”, visitar el Mont Saint Michel de noche. Ya metidos en este fregado… pues vamos a seguir a por dicho sueño!
¡Ponemos rumbo a Nantes!

Nantes

Serían las 18:30 cuando aparcamos el coche en la Isla de las máquinas, comenzamos por el parque de atracciones, la verdad que nos pareció muy bonito, había un tiovívo de máquinas antigüas, el típico tren que recorre un circuito cerrado, etc. Tenía un encanto especial volver a sentirnos niños mientras los engranajes de las máquinas subían y bajaban. Es algo muy curioso y recomendable, si hubiéramos tenido un poco más de tiempo, quizá hubiéramos barajo la posibilidad de entrar a lo que es el museo.
Continuamos nuestro camino por la isla cuando nos encontramos con una marabunta de gente que corría gritando como si estuvieran escapando de algo o alguien… doblamos la esquina y de repente pudimos verlo! Era él!!!

Es impresionante ver cómo semejante máquina se mueve, su impresionante altura y además la presión a la que hecha agua por la trompa, mientras los niños corren pidiéndole que echase más agua en un día tan caluroso fue muy divertido.

Hay imágenes dentro de la isla que advierten del peligro de que el elefante anda suelto:

Decidimos que era hora de descargar la mochila, coger de nuevo el coche y adentrarnos dentro de la ciudad y dirigirnos al hotel.
Nos alojamos en el Ibis Nantes Centre Tour Bretagne, la verdad que nos gustó bastante, la comodidad de la cama era inmejorable, enorme, la habitación muy limpia, con la única pega que el agua de la ducha salía a poco que te movieras, ya que la mampara no se quedaba cerrada de forma hermética.
Nos dimos una ducha rápida para quitarnos la tontería de todo el viaje y decidimos salir a ver el castillo y la catedral de Nantes.
Dimos una vuelta por la ciudad con un mapa que nos facilitaron en el hotel. Hicimos uso del mapa la primera vez, hasta que nos dimos cuenta que en la ciudad hay una línea verde que recorre todos los puntos más interesantes, por lo que si seguís la línea no os perderíais nada de Nantes.
Siguiendo la línea, llegamos al Castillo de los Duques de Bretaña, cerrado por ser Domingo.

Una vez visitado los alrededores de la muralla que aseguraba el castillo, nos dirigimos hacia la catedral de Nantes.

Decidímos poner fin al primer día de nuestra “locura” de viaje, volvimos al hotel y finalmente descansamos.
Mañana nos esperaba uno de los puntos más bonitos del viaje, si todo salía bien estaríamos en Saint Michel a la noche.
¿Llegaremos a tiempo?
El resumen de este primer día fue el siguiente: